Imagínese un mundo donde se ha establecido que la estabilidad es más importante que la libertad. Esa es la clase de sociedad que expone esta afamada novela de ciencia ficción. Los seres humanos han decidido que no quieren más inestabilidad y, para evitarla, se han eliminado elementos desestabilizadores como la familia, haciendo que todos los seres humanos nazcan en laboratorios, o la relaciones de pareja de largo aliento (en esta sociedad es mal visto que uno salga con una sola persona por mucho tiempo). Una de las premisas básicas es que “todos son de todos”, no existe “mi hijo” o “mi mujer”, eso causa demasiados conflictos.
Para evitar rebeliones, en el desarrollo artificial (o asistido) de los nuevos seres humanos, antes del nacimiento, se restringe la cantidad de oxigeno suficiente a algunos, de tal forma que no mueran, pero que queden lo suficientemente pequeños e infantiles como para aceptar los trabajos más básicos y/o desagradables, sentirse contentos y no protestar nunca. El pensamiento individualista es un pecado, no hay que olvidar que “todos son de todos” y, por lo tanto, somos un gran colectivo feliz. El desarrollo de las personas, desde el nacimiento hasta la edad adulta, está acompañado por una suerte de lavado de cerebro nocturno, logrado en base a las miles de repeticiones de mensajes alentando el pensamiento colectivo, condenando el individualismo, impulsando el consumismo, etc.
Si todo esto fallara, está el “soma”, una droga que compensa algunos de los desajustes que podrían presentarse en los individuos, a causa del horror de la sociedad colectivista.
¿Qué sucedería si a esta sociedad introducimos un ser humano criado en los estándares anteriores, es decir un “salvaje”? No se los voy a contar, para saberlo deben leer el libro.
Una fascinante historia, considerada como una crítica al colectivismo.
Autor del libro: Aldous Huxley